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El día de todos los santos es
jornada de puertas abiertas en el Cielo. Tod@s los cristianos estamos
invitados a asomarnos y a participar del gozo que un día será enteramente
nuestro.
Celebramos como algunos han
experimentado ya el abrazo de Dios dando la vida como Jesús, son los
mártires: para ellos estaba reservada una túnica blanca.
Otros han llegado al Abrazo a
trompicones, gracias a los “abrazos” de quienes en la tierra les rodeaban:
mujer, marido, padres, hijos, para que, siquiera dando tumbos, encontrasen
la luz... y la encontraron. Jesús los recibió lleno de gozo.
Los hay que se encontraron
abrazados “por sorpresa”: buenos ladrones que, a última hora, acogieron la
luz... Hubo en el paraíso más alegría por cada uno de ellos que por noventa
y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y luego están aquellos y
aquellas que han llegado a la VIDA cubiertos de barro hasta las cejas. Toda
la vida -¡Toda la vida!- cayendo y levantándose, cayendo y levantándose...
Y, un día, tras la última caída, volvieron a ponerse en pie; antes de que
les diera tiempo a limpiarse el barro ya habían llegado.... Y Jesús,
entonces, salió presuroso a su encuentro, y los abrazó entre lágrimas,
manchándose con el barro que traían.
Sant@s, santitos, santazos,
santones.... ¡¡y María!! ¡Felicidades a tod@s vosotr@s , y a tod@s nosotr@s!!
(Adaptado de archimadri.es/espiritualidad. 2001 )
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