“Si la
predicación de Juan tenía tintes catastrofistas, la de Jesús rebosa de
alegría y de esperanza: ¡la acción de Dios ya ha irrumpido entre nosotros!
¡Felices nosotros que somos testigos de ello!
Por eso,
nosotros, que no somos discípulos de Juan sino de Jesús, no podemos
quedarnos en meros 'profetas de calamidades' sin anunciar a la vez que la
salvación de Dios ya está presente y actuante entre nosotros.
Y, en último
término, nuestra fe en Jesús va más allá de su predicación histórica. Porque
lo cierto es que dos mil años después de ésta, sigue habiendo muchos motivos
para abandonar la esperanza, para tirar la toalla, para pensar que, como
humanidad, vamos hacia el colapso inevitable, que no tenemos remedio...
¡Cómo! ¿Cómo es que hay quien dice
que no tenemos remedio? ¡Si no tenemos remedio somos los más desgraciados de
todos los hombres! Pero no; creemos firmemente que Cristo ha resucitado,
primicia de todos, y eso nos hace proclamar a los cuatro vientos que ¡hay
salvación para el mundo! ¡Y que podemos empezar a celebrarlo!
Tal vez por
eso podemos seguir en esto y mantener la felicidad. Tal vez sea eso
precisamente lo que más necesita hoy el mundo: comunidades de personas
felices, consagradas a la búsqueda de Dios y de su Reino”.
José
Eizaguirre. “Sobria, honrada y religiosa”